viernes 20 de noviembre de 2009


No me gusta el fútbol…y parece que a esa pelota tampoco…

Decidió suicidarse antes de pasar toda una vida de fútbol, futboleros, telediarios que giran en torno a una pelota y a los jugadores, personas que quedan en bares a las 6 de la tarde con un calor que quema hasta los movimientos aletargados del cuerpo curtío para ver un partido, con un calor que hace que sudes por partes de tu cuerpo por las que no sabías que sudaban…

La pelota, ante tan nefasta vida que le deparaba el futuro eterno de tardes de pueblo, decidió poner fin a su petrolera vida tirándose por el balcón de la habitación de arriba…

Pero como la vida no es fácil…resultó ser demasiado oronda como para traspasar los barrotes…y ahí se quedó, encajada viendo como pasaban los coches con alcohólicosapestososdesudoryolorafritangaconbanderasdelchino medio arrojados por las ventanillas envidiando que ellos si podían tirarse fácilmente mientras ella permanecía amorcillada por esos barrotes con olor a herrumbre…

Y así lloré yo al verla…


no me gusta el futbol, me gustan los pinchos de los bares cuando ponen futbol...

sábado 31 de octubre de 2009

a veces...


A veces me siento como si estuviera en una balsa rota y carcomida, putrefacta y sin clavos en medio de la mar, como si la balsa estuviera a punto de desintegrarse por mi culpa, porque no la unté con betún en su tiempo, porque dediqué demasiado tiempo en atornillar las tuercas del motor en vez de pensar que iba a velas y ni las hilvané, porque me obcequé en que a la barca la controlaba yo y no me di cuenta de que en el mundo existen toda clase de mareas y corrientes submarinas que te controlan a ti, que te hacen caer por la borda y bucear en los ventrículos marinos…
A veces la prenda siente que hicieron un reparto de papeles de una gran obra y a ella no le tocó ni ser la acomodadora…aun sabiéndose de memoria los papeles protagonistas y sabiendo en qué punto va una respiración, en qué coma va una pausa con mirada y en qué salto va un giro del cuerpo…
A veces la menda siente que toda su vida será la que ella se invente mientras desayuna, mientras hace la cama, friega la loza o enciende un cigarro, mientras se depila o se echa un cazo de sopa…que será sólo lo que ella imagine porque, por ahora, no sucede nada, porque por ahora, no se va esta calma quieta, porque por ahora, no se va el triste cansancio impaciente que llega sin avisar al telefonillo, porque por ahora, no deja de estar triste por algo que ha perdido sin saber si lo ha tenido...
A veces todo se incendia y no podemos remediarlo aunque la rabia se instale como un señor de 80 años sin familia y con un canario enjaulado en las uniones de las costillas para hacer su vida pasiva y darnos compañía…

difraica…sí

martes 27 de octubre de 2009

los dos...


“Pos sí…”

“En fin…”

Los dos estaban sentados en los bancos que bordeaban toda la carretera que abrazaba las afueras del pueblo, una carretera que parecía intentar con unos brazos apresar a la gente para que no escaparan de allí…para que no tuviera que vivir con la soledad de las campanas de las Iglesias y los vencejos beatos.

Los dos estaban sentados con las camisas azul claro de abuelos acampanadas, abotonadas hasta el tercer botón, con el bolsillo del corazón que escupía el paquete de Celta´s de hace un mes y las recetas que tenían que llevar para noséqué que les pasaba…

Los dos llevaban zapatillas con rejilla en el empeine, los dos llevaban gorras verdes desteñidas de abonos químicos y de Cooperativas del pueblo….de sus yernos eran las dos…zapatillas que albergaban pies cansados, deformes y morenos, pies que contaban la vida de todas los abuelos de una generación, de una generación de campo, tristeza, hambre, dolor, besos y ostias, curas y madres en casa…

Los dos miraban la carretera sin ver, miraban los coches intentando averiguar quiénes los conducían, qué vidas iban dentro, qué problemas llevaban agarrados de los bichánganos esos que están encima de las ventanas en los coches…mirando a la gente con una curiosidad insolente que sólo tienen los niños y los mayores…con una mirada como si tuvieran un verdad que contar pero pasaran de hacerlo porque están demasiado cansados de existir sin ser visto, de esforzarse por ser útiles aún sabiendo que nunca entenderán lamierdacoñodelinternetese…porque están cansados de intentar ser modernos cuándo ni siquiera saben qué es eso…


Los dos habían estado allí sentados toda una vida…y no lo sabían pero no podían vivir el uno sin el otro…se necesitaban, se querían, se odiaban y se sacaban de quicio, se malhablaban y ni se miraban, ni se sonreían ni se alababan…pero se cuidaban, se apoyaban con un mundial lenguaje de sordomudos como todo lo que dice el escuchar la simple respiración del otro al lao…


Se necesitaban porque no sabían freir huevos si el otro no los cascaba antes en el plato color caramelo descascarillao…se necesitaban para completar las frases que se atascaban en las gargantas cargadas de voces, risas, llantos, silencios y besos con las que cargaban y que a veces daban problemas…se necesitaban porque se complementaban…se necesitaban porque irremediablemente no sabían ni querían vivir el uno sin el otro…

“chacho, ¿y el pan hoy?”,

“¿pos no "tacuerdas" que lo cogí ayer que era sábado?”,

“¿cogiste dos panes ayer?”,

“que sí, pesao”,

“pos venga, que “sace” tarde…”,

“el mechero…que se te olvida”,

“ala…ámonos”.

jueves 15 de octubre de 2009

La Mantequería


Él siempre había atendido a sus clientes con diligencia y complacencia. Él siempre había sido dócil con todo el que cruzaba la puerta, con todo el que pasaba por la calle, con todo el que vivía en su barrio y en la ciudad. Su vida había sido siempre obedecer y obedecer sin rechistar, sin mostrar ni pensar la más mínima muestra de rebeldía o disconformidad con las órdenes que todo dios le daba. Su vida era un manual del eterno sumiso.

Pero él no había sido siempre así.

Siempre se mostraba déspota con su hermano pequeño, sentía el poder de ser mayor, violento, fuerte, con recursos para contestar todo lo que le dijese, con la fuerza para hacerle llorar, con la perversa felicidad de ver cómo podía hacerle daño con una sola palabra…Y eso le hacía sentirse superior y, extrañamente excitado cada vez que a su hermano las cosas le iban mal…

Saber que él no era el único que se sentía amargado.

Todo continuó de forma despótica hasta que su hermano se rebeló, lo mando a la mierda (él que siempre lo había mandado a él y pensaba que la mierda era la casa esa de la gitana que se caía a cachos en las afueras) y lo dejó sólo con el ultramarinos familiar…un comercio que olía a queso duro, a bacalao seco, a almendras y a lomo de olla…un comercio que tenía una luz blanquecina y enferma como el color de sus ojos detrás de gafas enormes de patas de concha, que estaba impregnado con una nube de polvo y soledad que todo lo tiznaba...desde la mortadela hasta la colonia de Royal Ambré escondida detrás del mostrador…un melancolía que inundaba todos los rincones del comercio esperando que llegara un tiempo mejor que nunca había sido vivido…

Él siempre había atendido a sus clientes con diligencia y complacencia…hasta que entendió a su hermano y mandó al chuloputas último que entró pidiendo a grito pelao yemitas de Ávila a la mierda…

Y dejó de sentirse tan frustrado....


jueves 17 de septiembre de 2009

El de la Mari Carmen.


No hablaron en todo el día, no necesitaban hablar…aunque en realidad lo que les pasaba es que les molestaba hablarse porque se veían en el otro…no necesitaban hablarse para saber que no se caían muy allá…no necesitaban decirse a la cara lo que sabían que pensaban el uno del otro por miedo a herirse cada uno con palabras que los describían a los dos igual.

Él ya era mayor y había conocido a demasiados tontolavas como para no percatarse que ésta iba a ser otro, otro al que se le había ido de la mano lo que sentía por su Mari Carmen y que to´ciego del calentón que le había dao, le había metido la zarpa por debajo de la falda y se había quedao ofuscao perdío por lo que había sentido.

Él sabía que era un hombre normal, ni tonto ni listo, con callos en las manos de coger el algodón, con olor a sudor, tabaco y colonia de droguería, con bigote negro y mal recortao con tijeras que no cerraban, con camisa blanca con los puños roídos y pantalón de pana desgastao por las rodillas de agacharse a recoger el paquete que casi siempre se le caía (se ponía nervioso cada vez que veía un cura...a su padre lo delató un puto cura facha y le dolía la garganta cada vez que veía uno pues las lágrimas comenzaban a subir por el estómago de la rabia hasta llegar a la boca para llenarse de insultos y salir por los ojos clavándose en los del cura…); era un hombre normal, ni bajo ni alto, ni gordo ni flaco, trabajador, callao y rumiante, no le gustaba la política esa que hacían ahora, se reía en silencio, jugaba a los dados en el bar del Molino, jugaba como si odiara a la mesa, como si fuera el cura quién estaba en el tapete, llamaba con una voz a Paco pa que le sirviera un chato de vino y se acercaba con dos pasos a la barra de chapa con olor a bayeta, a vino, cerveza y aceitunas, palillo en boca hasta que sus brazos se dejaban caer cruzados en el filo y sujetando el palillo oteaba el periódico grasiento que alguien había dejado en la esquina por enfado con las páginas deportivas, se subía los pantalones y miraba el vaso aburrido, esperando a que las respuestas a mil preocupaciones y alegrías salieran del líquido rojizo y todo fuera como antes…pero como antes de un momento que no era capaz de precisar por lo que miraba su vaso descubriendo por los surcos de su bigote en el borde del mismo sus recuerdos.

Él sabía que su Mari Carmen no sería feliz con ese hombre…estaría bien porque tendría comida, niños, alguien con quien morir y que la protegiese…pero estos dos no se querían; se excitaban, follaban y echaban gemidos como los carneros chiquininos…pero no se querían…y así no llegarían a ser felices…serían desgraciados y se harían la vida imposible el uno al otro, se echarían en cara cosas que ni eran verdad y las buscarían en los recuerdos inventados donde sólo hay lágrimas, deseos nunca cumplidos, amargamientos y frustraciones…y se odiarían…y se lo enseñarían a sus hijos…y todo se repetiría…

Él lo sabía bien porque el odió a su Petra…y lo peor es que él sabía que la odiaba no porque también ella lo odiara sino por todo lo contrario…porque ella lo quería y nunca discutían, porque ella hacía todo lo que él quería, porque sus amigos le gritaban que con Petra sí que vivía como un marqués, que ella era lo que todos querían…y él la odiaba por ser así porque en realidad se odiaba a sí mismo.

Tenía miedo a dejarse amar y no se dejó querer…no se dejó…y ahora no tenía ni pajolera idea de cómo se hacía para querer…ahora se arrepentía…porque fue antesdeayer cuando se dio cuenta que su hija iba a vivir lo mismo…

"Carmelo...que...le he pedido a Mari Carmen que nos casemos…”

“mecagoenlamá…dame un cigarro,anda…”

sábado 18 de julio de 2009

Te besaría hasta en la feria...



A veces me creo que vienes por detrás en silencio y me siento como una triste Amelié tiznada de harina, sin saber si al darme la vuelta el rubor de los calefactores de mis mejillas me empañarán tanto las lentillas que no podré vislumbrar tu cara…
A veces te imagino sentado frente a mí, acercándote poco a poco con mirada palpitante, y yo mirándote sin saber mis ojos donde enfocar…si a tus ojos, tu boca o tu aliento suave…
Y así te vas acercando más y más y mi pecho se transforma en un metrónomo obsesionado en convertirse en un director de orquesta con una obra de Allegro…en salirse del pecho traspasando miles de sentimientos…
Y te acercas más y mi boca se humedece con lascivas lenguas que toda la cavidad llenan de ansias…
y cada vez más cerca hasta que casi huelo tu colonia…
y mis manos sudan lo que no suda mi cuerpo,
y mis dedos se vuelven mariposas que no vuelan nunca recto,
y mis bajos se emocionan y te requieren…
y cada vez más cerca hasta que llegas a dos centímetros de mi nariz y entonces…
yo me acerco más, mi inclino atrapando entre mis pechos los deseos que brotan del tuyo y te beso….

lunes 13 de julio de 2009

el biciclista...y su lady...


Y se metió el tortazo de su vida…

Salió disparado de la bicicleta sin saber muy bien porqué y jocicó contra el suelo baldosinado y caliente de la acera que llevaba a su casa.
El dolor le hacía sentir un frío metálico en la cara y en la boca, un sabor extrañamente dulce y suave y como a monedas de la sangre y un dolor punzante de las gravilla en sus mofletes ya no tan floridos; un dolor que se le metió hasta por entre las muelas…
El dolor que sentía no sabía muy bien de dónde salía ni hacia dónde iba pero le hizo sentir que medía menos de un metro, que todo su cuerpo recio y largo se había compactado en un pequeño liliputiense esperando que un Gulliver viniera a rasgar sus cuerdas de pita…el dolor salía desde abajo y le recorría todo el muslo invadiéndolo una especie de vaguería y pasotismo por levantarse y ver que verdaderamente se había caído…por ver que había más de unos ojos mirando para observar la reacción idónea que los mirones aprenderían a no imitar…
Y de pronto se sintió muy muy solo…se sintió altamente solo, duramente solo, desvalidamente solo, tristemente solo y culpablemente solo…y todo porque 3 días antes se había ido de su casa para vivir solo y su madre no le dijo que nadie le iba a soplar la herida para calmar la efervescencia del agua oxigená como ella.
Y entonces llegó su Lady estrellada y, sin más dilación, le acarició el pelo león y le curó el corazón y las heridas con el maravilloso y moderno betadine...

No sé si será una historia real que salió de mi imaginario pero sé que como ella no hay nadie para él y viceversa….